DIOCESIS DE MEXICO
IGLESIA ORTODOXA EN AMERICA
O. C. A.
Santoral - 1 de Enero


La Circuncisión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo

Al octavo día después de su Nacimiento, nuestro Señor Jesucristo fue circuncidado de acuerdo con la Ley del Antiguo Testamento. Todos los infantes varones eran circuncidados como signo de la Alianza de Dios con el santo Antepasado Abraham y sus descendientes (Génesis 17:10-14, Levítico 12:3)


Después de este ritual al Niño Dios se le fue dado el nombre de Jesús, tal y como el Arcángel Gabriel había declarado a la Santísima Teotocos en el día de la Anunciación (Lucas 1:31-33, 2:21). Los Padres de la Iglesia explican que el Señor, el Creador de la Ley, se sometió a la circuncisión para poder dar un ejemplo a la gente de que tan fielmente se deben de cumplir los mandatos divinos. El Señor fue circuncidado para que más tarde no hubiese duda de que en verdad había asumido la carne humana, y que su Encarnación no era una mera ilusión, como ciertos herejes (Docetistas) enseñaban.


En el nuevo Testamento, el ritual de la circuncisión dio paso al Misterio del Bautismo, al cual prefiguró (Colosenses 2:11-12). Historias de la Fiesta de la Circuncisión del Señor continuaron en la Iglesia Oriental hasta el siglo IV. El Canon de la Fiesta fue escrito por San Esteban del Monasterio de San Sava (28 de Octubre y 13 de Julio)


En adición a la circuncisión, la cual el Señor adoptó como signo de la Alianza de Dios con los hombres, también recibió el Nombre de Jesús (Salvador) al octavo días después de su Natividad como indicación de su servicio, la obra de la salvación del mundo (Mateo 1:21; Marcos 9:38-39, 16:17; Lucas 10:17, Hechos 3:6, 16; Filipenses 2:9-10). Estos dos eventos, el de la Circuncisión del Señor y su Nombramiento, recuerdan a los cristianos que tienen que entrar en la Nueva Alianza con Dios y “ser circuncidados de circuncisión no hecha con manos, con el despojamiento del cuerpo de la carne, en la circuncisión del Cristo” (Colosenses 2:11). El mismo nombre “Cristiano” es un signo de la entrada de la Nueva Alianza de la humanidad con Dios.

 




San Basilio Magno

San Basilio Magno, Arzobispo de Cesarea en Capadocia, “pertenece no solo a la Iglesia de Cesarea, ni solamente a su tiempo, ni fue un beneficio solamente a sus congéneres, sino más bien pertenece a todas los lugares y ciudades alrededor del mundo, y a todos los pueblos a los cuales benefició y sigue beneficiando, y para todos los Cristianos él fue y seguirá siendo un maestro salvífico.” Así habló San Anfiloquio, Obispo de Iconio y contemporáneo de San Basilio.   


San Basilio nació en el año 330 en Cesarea, el centro administrativo de Capadocia. Siendo de linaje ilustre, afamado por su eminencia y riqueza, y celo por la fe cristiana.  Los abuelos paternos del santo tuvieron que ocultarse en el bosque del Ponto por siete años durante la persecución de Diocleciano.


La madre de San Basilio, Santa Emilia era la hija de un mártir. En el calendario griego, ella es conmemorada el 30 de mayo. El padre de San Basilio también se llamaba Basilio. Quien era un abogado y un renombrado retórico, y vivía en Cesarea.


Diez hijos nacieron del  anciano Basilio y Emilia: cinco hijos y cinco hijas. De los cuales cinco de ellos fueron después contados entre los santos: Basilio Magno; Macrina (19 de julio) quien fue un ejemplo de vida ascética, y ejerció una fuerte influencia en la vida y el carácter de San Basilio Magno; Gregorio, nombrado posteriormente Obispo de Nisa (10 de Enero); Pedro, Obispo de Sebaste; y Teosebia, la diaconisa (10 de Enero)

San Basilio pasó los primeros años de su vida en una propiedad  en el Río Iris perteneciente a sus padres, donde fue criado bajo la supervisión de su madre Emilia y su abuela Macrina. Basilio recibió su educación inicial bajo la supervisión de su padre, y después estudió bajo la tutela de los mejores maestros de Capadocia, y es ahí donde conoce a San Gregorio el Teólogo (25 y 30 de Enero). Después, San Basilio se transfirió a una escuela en Constantinopla, donde escucho a los eminentes oradores y filósofos. Para concluir sus estudios San Basilio se dirigió a Atenas, el centro de la iluminación clásica. 


Después de estar cinco años en Atenas, Basilio había dominado todas las disciplinas disponibles “Lo estudió todo completamente, más que aquellos que estudian un solo tema. Estudió cada una de las ciencias en su totalidad, como si no hubiese estudiado algo más.”  Filósofo, filólogo, orador, jurista, naturalista, poseedor de un profundo conocimiento de la astronomía, matemáticas y medicina, “Él era una barca llena de conocimiento, hasta donde lo permitía la naturaleza humana.”


En Atenas se desarrolló una amistad cercana entre Basilio Magno y Gregorio el Teólogo (Nacianzo), que continuó por el resto de sus vidas. De hecho, se consideraban como un alma en dos cuerpos. Más tarde, en su elogio  a San Basilio Magno, San Gregorio el Teólogo habla con regocijo acerca de este periodo: “Varias esperanzas nos guiaban, y de hecho, inevitablemente, en conocimiento… Dos caminos se abrieron ante nosotros: uno hacia nuestros templos sagrados y los maestro allí; el otro hacia los preceptores de las disciplinas más allá.”


Cerca del año 357, San Basilio regresó a Cesarea, donde por algún tiempo se dedicó a la retórica. Pero, poco después, rechazando oferta de los ciudadanos de Cesarea quienes querían confiarle la educación de sus hijos, San Basilio entró al camino de la vida ascética.


Después de la muerte del esposo de la madre de Basilio, Macrina, su hija mayor, y varias siervas se retiraron a la propiedad familiar en Iris y comenzaron a llevar una vida ascética. Basilio fue bautizado por Dianio, Obispo de Cesarea, y fue tonsurado Lector (Sobre el Espíritu Santo, 29). Leyendo primeramente las Santas Escrituras  a l agente y explicándoselas.


Después, “deseando adquirir una guía al conocimiento de la verdad”, el santo viajó a Egipto, Siria y Palestina, para conocer a los grandes ascetas cristianos que habitaban allí. Al regresar a Capadocia, decidió seguir sus ejemplos. Distribuyó su riqueza entre los necesitados, y después se estableció en el lado opuesto del río no muy lejos de donde se encontraba su madre Emilia y su hermana Macrina, reuniendo a monjes a su alrededor que vivían la vida cenobítica.


Con sus letras, Basilio atrajo a su buen amigo Gregorio el Teólogo al monasterio. San Basilio y San Gregorio laboraron en estricta abstinencia en sus viviendas, que no tenían techo ni chimenea, y la comida era muy humilde. Ellos mismos quitaban las rocas en el lugar, plantaban y regaban los árboles, y llevaban pesadas cargas. Sus manos tenían muchas callosidades debido a aquel arduo trabajo. Para vestirse Basilio tenía tan solo una túnica y capa monástica. Llevaba un cilicio , pero solo de noche, para que no fuera obvio.  


En su soledad, San Basilio y San Gregorio se dedicaban al intenso estudio de las Santas Escrituras. Guiándose con los escritos de los Padres y comentadores del pasado, especialmente las escrituras buenas de Orígenes. Compilando con estas obras una antología llamada Filocalia. También, durante este tiempo, por petición de los monjes, San Basilio escribió una colección de reglas para una vida virtuosa. Con su prédica y ejemplo  San Basilio ayudo en la perfección espiritual a los cristianos en Capadocia y el Ponto; y muchos en verdad se dirigían a él. Se organizaron monasterios para hombres y mujeres, en donde San Basilio buscó el combinar el estilo de vida cenobítico con aquel del solitario ermitaño.


Durante el reinado de Constancio (337-361) se esparcieron las enseñanzas heréticas de Arrio, y ambos fueron llamados para servir a la Iglesia. San Basilio regresó a Cesarea. En el año 362 fue ordenado diácono por el Obispo Melecio de Antioquia. En el año 364 fue ordenado al santo sacerdocio por el Obispo Eusebio de Cesarea. “Pero al ver,” como San Gregorio el Teólogo relata, “que todos alababan y honraban a San Basilio de sobremanera por su sabiduría y reverencia, Eusebio, presa de la debilidad humana, sucumbió a los celos, y comenzó a mostrar desagrado por él.” Los monjes se levantaron en defensa de San Basilio, y para evitar causar discordia en la Iglesia, Basilio se retiró a su propio monasterio y puso su interés en la organización de monasterios.    


Cuando llegó al poder el emperador Valente (364-378), que era un acérrimo partidario del arrianismo, comenzaron tiempos difíciles para la Ortodoxia , el comienzo de una gran lucha. San Basilio regresó prontamente a Cesarea por petición del Obispo Eusebio. En palabras de Gregorio el Teólogo, él era para Eusebio “un buen consejero, un justo representante, un expositor del Verbo de Dios, un báculo para el anciano, un soporte fiel en los asuntos internos, y un activista en los asuntos externos.”

A partir de este tiempo el gobierno de la iglesia pasó a manos de Basilio, aunque él era un subordinado al obispo. Predicaba a diario, a menudo dos veces, en la mañana y en la noche. Es durante este tiempo en que Basilio compuso su Liturgia. Escribió a su vez la obra “Acerca de los Seis Días de la Creación” (Hexamerón) y otra acerca del Profeta Isaías en dieciséis capítulos, así como otra obra acerca de los Salmos, y también una segunda recopilación de reglas monásticas. San Basilio también escribió tres libros “Contra Eunomio,” un maestro arriano que, con la ayuda de conceptos aristotélicos, había presentado el dogma arriano de una manera filosófica, convirtiendo la enseñanza cristiana  en un esquema lógico de conceptos racionales.


San Gregorio el Teólogo, al hablar de la actividad de San Basilio Magno durante este periodo, subraya que “el cuidado de los desamparados y el asilo de los forasteros, la supervisión de las vírgenes, las reglas escritas y no escritas de los monjes, el arreglo de oraciones (Liturgia), el alegre arreglo de altares y otras cosas.” Después de la muerte de Eusebio, el Obispo de Cesarea, San Basilio fue elegido para ser su sucesor en el año 370. Como Obispo de Cesarea, San Basilio era el más nuevo de los cincuenta obispos de las once provincias. San Atanasio el Grande (2 de Mayo), recibió  con alegría y agradecimiento hacia Dios, el nombramiento en Capadocia de tal obispo como Basilio, afamado por su reverencia, profundo conocimiento de las Santas Escrituras, y sus esfuerzos por el bienestar de la paz y la unidad de la Iglesia.


Bajo el reinado de Valente, el gobierno externo pertenecía a los arrianos, quienes tenían varias opiniones acerca de la divinidad del Hijo de Dios, y estaban divididos en varias facciones. Estas disputas dogmáticas estaban ocupadas con cuestiones acerca del Espíritu Santo. En su libro Contra Eunomio, San Basilio Magno enseña la divinidad del Espíritu Santo y su igualdad con el Padre y el Hijo. Subsecuentemente, para poder proveer con una explicación completa acerca de la enseñanza Ortodoxa acerca de este asunto, San Basilio escribió su libro Sobre el Espíritu Santo por petición de San Anfiloquio, el Obispo de Iconio.


Las dificultades de San Basilio se hicieron peores por varias circunstancias: Capadocia fue dividida en dos bajo el reacomodo de los distritos provinciales. Después ocurrió el cisma antioqueno, ocasionado por la consagración de un segundo obispo. También había una negativa y altiva actitud de los obispos occidentales en los intentos de incluirlos en la lucha en contra de los arrianos. Y también ocurrió la partida de Eustacio de Sebaste hacia el lado arriano. Basilio estaba relacionado con él por una cercana amistad. Entre peligros constantes San Basilio dio ánimos a los ortodoxos, confirmándolos en la fe,  convocándolos para que tuvieran valentía y  resistencia. Venciendo a los herejes "con el arma de su boca, y con las flechas de sus cartas,” como incansable campeón de la Ortodoxia, San Basilio retó toda su vida las hostilidades y las intrigas de los herejes arrianos. Comparándosele con una abeja, que alimenta a su rebaño con la dulce miel de su enseñanza.


El emperador Valente, que sin piedad exiliaba a cualquier obispo que no le agradara, y habiendo implantado el arrianismo en todas las otras provincias de Asia Menor, repentinamente apareció en Capadocia con el mismo propósito. Envió al prefecto Modesto a San Basilio. Y este empezó a amenazar al santo con la confiscación de su propiedad, exilio, golpes, e incluso la muerte.


San Basilio dijo, “si tomas mis propiedades, no te enriquecerás, ni tampoco me harás pobre. No tienes necesidad de mi ropa gastada, ni tampoco de mis pocos libros, de los cuales está compuesta toda mi riqueza. El exilió no significa nada para mí, ya que no estoy a atado a ningún lugar en particular. Este lugar en el que ahora habito no es mío, y a cualquier lugar que tú me enviares será mío. Es mejor decir: cualquier lugar es de Dios. ¿Dónde he de ser yo un extraño o un extranjero? ¿Quién me ha de torturar? Soy tan débil, que el primer azote me hará caer insensible. La muerte sería una amabilidad hacia mí, porque me llevaría prontamente a Dios, por quien yo vivo y laboro y a quien me apresuro.


El oficial se quedó perplejo ante esta respuesta, diciéndole: “Nunca nadie me había hablado con tal audacia”.


Y el santo remarcó, “Tal vez sea, porque nunca antes habías hablado con un obispo. En todo lo demás somos mansos, los más humildes de todos. Pero cuando es acerca de Dios, y la gente se levanta en contra de Él, entonces nosotros, haciendo nada todo lo demás, y solo a Él miramos. Entonces el fuego, la espada, las bestias salvajes y las cadenas que desgarran el cuerpo, nos sirven para llenarnos de alegría, mas que de temor."


Al reportar a Valente que san Basilio no había sido intimidado, Modesto dijo, “Emperador, estamos aquí derrotados por el líder de la Iglesia.” Basilio Magno mostró firmeza ante el emperador y séquito e hizo tal fuerte impresión en Valente que no cedió ante las peticiones de los arrianos que demandaban el exilio de Basilio. “En el día de Teofanía, entre una multitud de gente, Valente entró a la iglesia y se mezcló con la muchedumbre, para dar la apariencia de estar en la unidad de la Iglesia. Cuando el canto de los salmos comenzó en la iglesia, fueron como relámpagos para su oído. El emperador contempló un mar de gente, y en el altar y a su alrededor todo era esplendor; en frente de todo esto estaba Basilio, quien no daba muestras ni con gestos ni miradas de que algo más pasaba en la iglesia.” Todo estaba centrado solamente en Dios y en la mesa del altar, y el clero sirviendo allí con temor y reverencia.  


San Basilio celebraba los servicios de la iglesia casi a diario. Preocupado principalmente acerca del estricto cumplimiento de los Cánones de la Iglesia, y tenía cuidado de que solo individuos dignos entrarán al clero. Incesantemente haciendo recorridos en su iglesia, para que no hubiera infracciones en la disciplina de la Iglesia, y corrigiendo la impropiedad. En Cesarea, San Basilio construyó dos monasterios, uno para hombres y el otro para mujeres, con una iglesia en honor a los Cuarenta Mártires (9 de Marzo), en la cual fueron sepultados. Siguiendo el ejemplo de los monjes, el clero del santo, incluyendo a los diáconos y los sacerdotes, vivían en una remarcable pobreza, para trabajar y vivir vidas castas y virtuosas. Para su clero San Basilio obtuvo una exención de impuestos. Él usó toda su riqueza e ingresos de su iglesia para beneficio de los desamparados; en cada centro de su diócesis construyó una casa para los pobres; y en Cesarea una casa asilo para los vagabundos y las personas sin hogar.


El estar enfermo desde su juventud, el duro trabajo de la enseñanza, su vida de abstinencia, y los problemas y aflicciones de su servicio pastoral, hicieron mella en él. San Basilio murió el 1 de enero de 379 a la edad de 49 años. Poco antes de su muerte, el santo bendijo a San Gregorio el Teólogo para que aceptara la Sede de Constantinopla.


Desde el momento del reposo de San Basilio, la Iglesia inmediatamente comenzó a celebrar su memoria. San Anfiloquio, Obispo de Iconio (23 de Noviembre), en su elogio a San Basilio, dice: “No es sin ninguna razón ni por casualidad que el santo Basilio ha dejado su cuerpo y ha reposado del mundo hacia Dios en el día de la circuncisión de Jesús, celebrada entre el día de la Natividad y el día del Bautismo de Cristo. Es por eso, que este benditísimo, predicando la Natividad y el Bautismo de Cristo, enalteciendo la circuncisión espiritual, él mismo olvidando la carne, ahora asciende a Cristo en el día sagrado de la conmemoración de la Circuncisión de Cristo, que también se establezca en este día presente que anualmente se honre la memoria de Basilio Magno festivamente y con solemnidad.”


San Basilio también es llamado “revelador de los misterios celestiales” (Ouranofantor), una “renombrada y brillante estrella,” y “la gloria y la belleza de la Iglesia.” Su honorable cabeza se encuentra en la Gran Laura del Monte Athos.
En algunos países se acostumbra a cantar villancicos especiales en este día en honor a San Basilio. Se cree él visita las casas de los fieles, y por eso se le reserva un lugar en la mesa. Las personas visitan las casas de los amigos y familiares, y la señora de la casa da pequeños regalos a los niños. Un pan especial (basilópita) es bendecido y distribuido después de la Liturgia. Una moneda de plata es puesta dentro del pan, y el que recibe la rebanada con la moneda, se dice que recibe la bendición de San Basilio por el año entrante.




San Basilio de Ancira


San Basilio vivió durante el tiempo de Julián el Apóstata (331-363), y confesó su fe en Cristo ante el gobernador Saturnino. Fue torturado en Ancira, y después fue enviado a Constantinopla, donde fue colgado de un árbol, estirado en el potro de tortura, golpeado, y después traspasado con agujas al rojo vivo. También fue arrojado al horno de fuego abrasador, pero permaneció sin daño. Fue enviado a Cesarea donde fue despedazado por los leones en la arena.
Este santo, un laico, no debe ser confundido con el otro San Basilio de Ancira, que era un sacerdote (Marzo 22)

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