DIOCESIS DE MEXICO
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REPOSO DEL VENERABLE GERMÁN DE ALASKA, MILAGROSO DE TODA AMÉRICA


La Vida de San Germán de Alaska

 

Los Años de Juventud.

 

Germán nació en una familia de la clase comerciante en Serpoukov, no lejos de Moscú, hacia 1758. En la adolescencia, en 1772, entró en la vida monástica en el skite de la Trinidad San Sergio, a más o menos 100 millas de San Petersburgo, cerca del golfo de Finlandia. No conocemos el nombre de pila que le dio su familia, lo conocemos bajo el nombre de Germán, nombre que se le dio en el momento de la tonsura monástica.

 

Mientras Germán vivía en el skite de la Trinidad San Sergio, una infección en el costado derecho de su garganta comenzó a formar un absceso. La inflamación fue aumentando causándole una desfiguración pútrida. Él era incapaz de tragar y su estado empeoraba al punto de rozar la muerte. Una noche mientras sufría, giró hacia el icono de la Theotokos pidiéndole que rogara por su salud y tomó una servilleta húmeda que pasó por el rostro de la Virgen representada en el icono y luego cubrió su rostro inflamado con ella. Prosiguió con su plegaria, agotado y sufriente y finalmente se quedó dormido sobre el piso. Esa noche soñó y tuvo una visión de la Theotokos en la que curaba su infección. Cuando Germán se despertó, a la mañana siguiente, la inflamación había desaparecido y el absceso estaba completamente curado.

 

En 1779, mientras que tenía 21 años, fue transferido al antiguo y célebre monasterio de Valaam. Este monasterio está situado sobre una isla del lago Ladoga, en la parte Rusa de Finlandia. El monasterio de Valaam había sido fundado por dos monjes griegos, San Sergio y San Germán, en el siglo XII. A fines del siglo XVIII el padre Nazario, higúmeno de Valaam, era muy respetado por su comunidad monástica. Germán le tenía mucho afecto a este padre espiritual.

 

Los testimonios de Valaam en el siglo XVIII relatan que el padre Germán tenía una gran popularidad en el seno de la comunidad monástica, pero que, a pesar de esta popularidad, él prefería vivir en una ermita en medio de los bosques de la isla. Él venía al monasterio durante breves visitas los domingos y en ocasión de alguna fiesta. Se dice que tenía una bella voz de tenor y que cantaba los oficios con una gran devoción.

 

La Misión de la América Rusa.

 

En 1793 Gabriel, metropolita de Novgorod y San Petersburgo, pidió al higúmeno Nazario que eligiera un grupo de monjes de Valaam para formar un equipo de misioneros que tendrían por tarea emprender la evangelización de la América Rusa (hoy Alaska). Los miembros de la misión de Valaam (llamados luego la misión de Kodiak) eran el archimandrita Joasaph, presbítero a cargo, los hiero monjes Juvenal, Macario, Atanasio, Esteban y Nectario, los monjes diáconos Esteban y Nectario y los monjes Joasaph y Germán.

 

El grupo viajó hacia el este, atravesando Rusia y Siberia durante cerca de un año (el viaje misionero más largo de toda la historia del cristianismo) y desembarcaron en la isla de Kodiak, en Alaska, el 24 de septiembre de 1794. A partir de Kodiak el equipo misionero emprendió su tarea de evangelización. La mayoría de los monjes permanecieron cerca de Kodiak donde también fundaron una escuela bilingüe (rusa y aleuta) para los autóctonos. Más tarde, los padres Macario y Juvenal partieron a llevar el Evangelio a los habitantes del continente. En ausencia del archimandrita Joasaph y más tarde del padre Gedeón, el padre Germán tenía la responsabilidad de la misión de Kodiak y de la administración de la escuela.

 

El Tirano Baranov.

 

Además de sus tareas misioneras, los monjes se volvieron conscientes de la necesidad de proteger a los pueblos autóctonos del trato brutal que les propinaban los empleados de la Compañía Rusa de América, que controlaba la colonia bajo la dirección de Alejandro Baranov; tirano egoísta que consideraba a los aleutianos y a otros grupos autóctonos apenas poco más que esclavos. Como los monjes siempre tomaban partido por los Aleutianos, eran ellos mismos, también, sujetos a persecuciones y calumnias. De hecho en 1900, Baranov, decretó una asignación de residencia respecto de los monjes. Les prohibía todo contacto con sus fieles cristianos.

 

Para no chocar con Baranov, los monjes intentaron ubicar a los autóctonos bajo la protección imperial, entonces intentaron lograr que los autóctonos prestaran un juramento de fidelidad al zar. Baranov amenazó con hacer golpear a los monjes si no ponían fin a sus acciones. Para protestar los monjes se retiraron a su stike de Kodiak y rechazaron temporariamente servir a los fieles ortodoxos de la colonia, tanto los rusos como los norteamericanos.

 

En un estilo típico de su personalidad, Baranov, escribió que el padre Germán: "es un gran charlatán y que ama escribir, aunque se queda en su ermita la mayor parte del tiempo y ni siquiera asiste a los oficios por miedo a las tentaciones de este mundo; él sabe de todas maneras todo lo que nosotros pensamos y hacemos, no solo durante el día sino durante la noche. Por su piadoso embaucamiento él sonsaca la información que desea de los estudiantes, de los servidores y aún de nuestros propios hombres." Por su parte el Padre Germán no tenía una opinión muy halagadora del tiránico Baranov. Se quejaba de la falta de abastecimiento que debía provenir de la Compañía, del trato brutal de la población autóctona y sobre todo de las mujeres, de la oposición a la fe y a la moral, de la falta total de justicia y del reino de terror mantenido por el déspota Baranov.

 

En 1817 Simón Yanovsky fue enviado para reemplazar a Alejandro Baranov como gerente de la Compañía Rusa de América. Aunque Yanovsky escuchó las horribles historias respecto del padre Germán, cuando se encontraron se produjo inmediatamente un magnetismo recíproco que se transformó luego en una amistad durable y enriquecedora. Mientras él escribía muchos años después su gira de servicio en Alaska, Yanovsky siguió mencionando al padre Germán con calor y afecto. A él le debemos mucha información sobre la vida del padre Germán.

 

La Vida en la Isla de los Abetos.

 

Entre 1808 y 1818, el padre Germán eligió establecerse en la isla de los abetos (Spruce Island), que él rebautizó Nueva-Valaam. La isla de los abetos está separada de Kodiak por un ancho estrecho de poco más de una milla. El padre Germán que seguía prefiriendo la vida de ermitaño, vivía en una choza cerca de una fuente de agua dulce, en este retiro insular cubierto de densos bosques. Sin embargo, él era consciente que como misionero debía salir a menudo al mundo y a la sociedad. Sin embargo, continúo sus esfuerzos misioneros mientras residía en la isla de los abetos durante más de 40 años. Cuando se le preguntaba cómo lograba vivir en el bosque y tolerar la soledad, el padre Germán respondía: "no estoy solo. Dios está aquí de la misma manera que lo está en todas partes. Los santos ángeles están aquí."

 

El padre Germán tenía también varios compañeros en el reino animal. Bandadas de pájaros venían a comer alrededor de su morada y sus animales de compañía favoritos eran una familia de visones salvajes. A menudo se escuchaba al anciano cantar y salmodiar los oficios monásticos desde su choza de Monk’s Lagoon (la laguna del monje). Trabajaba en su jardín cosechando nabos, rabanitos, papas, ajo, repollo y otras verduras y además pescaba y lo guardaba para los meses de invierno.

 

Un día el staretz estaba ocupado en su celda con su trabajo manual, cuando de pronto su discípulo Gerassime vino y no dijo la oración habitual en la puerta –"por las plegarias de nuestros santos padres, oh Señor Dios, ten piedad de nosotros"-. Al entrar en la celda dice: "Padre bendíceme." El staretz no respondió nada; el discípulo repitió su pedido varias veces, pero el anciano no respondía. El discípulo se quedó parado durante varias horas y decidió finalmente irse. Al volver al día siguiente dijo la plegaria habitual. El staretz respondió Amén. El discípulo dijo: "Padre bendíceme." El anciano lo bendijo y se sentó a realizar su trabajo. Entonces el discípulo le preguntó: "padre ¿por qué no me bendijiste ni respondiste cuando te lo pedí ayer?" A esto el anciano respondió: "Cuando vine a esta isla muchas veces los demonios venían a verme a mi celda, algunas veces bajo la forma de un hombre con alguna necesidad y otras veces en forma de animal y me hicieron cosas espantosas y malignas; es la razón por la cual no recibo a nadie en mi celda sin la plegaria." (Notas de Lazarev, octubre de 1864).

 

"En medio de la isla de los abetos descendía de la montaña una pequeña fuente de agua hasta el mar, cuya desembocadura siempre estaba cubierta de pedazos de madera y de algas traídas por la marea alta. En la primavera cuando el pez de río debía aparecer, el anciano sacaba la arena de la desembocadura del río, para que los peces pudieran pasar y el primer grupo de peces se precipitaba en el río. Aliaga recuerda el hecho siguiente: ‘a veces Apa (apa es la palabra aleuta para "padre") decía: ve y trae pescado del río’. Con el pescado seco él alimentaba a los pájaros y ellos volaban alrededor de su celda en gran cantidad. Bajo su celda vivían unos armiños que cuando están enojados son feroces y no conviene acercarse a ellos, pero el staretz los alimentaba con sus propias manos. ‘¿No es un milagro lo que hemos visto?’, decía su discípulo Ignacio. Ellos habían visto al padre Germán alimentar a los osos. Con la muerte del staretz tanto los pájaros como los animales salvajes desaparecieron y su jardín no produjo ninguna verdura más, aunque alguien plantara algo por su propia iniciativa, certificó Ignacio." (Vita prima: La Vie du moine Germain de Valaam, Mission américaine, San Petersburgo, 1868).

 

Una mujer joven de nombre Sophia Vlasova, vino a buscar al padre Germán para pedirle si podía vivir cerca de él bajo título de discípula. El anciano recibió favorablemente su pedido y ella lo ayudaba y enseñaba en la escuela. El padre Germán decía que después de su muerte Sophia iría a morar a la isla y proseguir su obra. De la misma manera le confió el cuidado del icono que él había ubicado en la playa cuando la isla de los abetos había sido amenazada por un maremoto.

 

El padre Germán era de estatura más bien pequeña, con un rostro pálido y arrugado. Sus ojos grisáceos azulados estaban llenos de un fulgor centelleante. Vestía una blusa de piel de reno y pantalones de tela bajo su sotana monástica. Siempre llevaba las mismas vestimentas que se fueron gastando hasta tener la tela raída y que eran recubiertas de piezas nuevas con el correr de los años. Dormía poco y pasaba la mayor parte de sus noches en oración. A modo de cama dormía sobre un banco cubierto de una piel de reno y como almohada usaba dos ladrillos también cubiertos de piel de reno. Comía muy poco, habitualmente, según el régimen monástico de verduras y pescado, pero a causa de la extrema pobreza y de la escasez de alimento en todas las islas aleutianas, el Santo Sínodo le permitía comer carne en algunas ocasiones. Sin embargo, él no comía la carne como tal, sino que consumía un caldo preparado con esta carne. Como manera adicional de esfuerzo ascético llevaba sobre sus espaldas un conjunto de cadenas que pesaban alrededor de 8 kilos.

 

Persecución del Padre Germán.

 

El monje del gran hábito Serge Yanovsky escribe: "como el padre Germán ha revelado que muchos llevaban una vida alcohólica, eran pecadores de una manera asquerosa y oprimían a los aleutas, se hizo de muchos enemigos y se atrajo muchos desacuerdos y calumnias. Él sufrió todo eso y cargó con su pesada cruz en silencio... Debo confesar que yo mismo escuché tales historias calumniosas sobre el padre Germán que yo había comenzado a responder por escrito en San Petersburgo, aún antes de haberlo conocido.

 

"Me han contado que él estimulaba a los aleutas a montar una rebelión contra las autoridades de aquel lugar (Kodiak), pero al año siguiente 1819, yo partí en barco para hacer una gira de inspección de todas las colonias y en noviembre llegué a la isla de Kodiak. El padre Germán vino inmediatamente a verme y me explicó las condiciones locales de vida, la gran pobreza de los aleutas, en qué necesidad se encontraban, y de cuántas maneras eran oprimidos y me pidió que los protegiera. Yo prometí pasar revista de todo aquello y hacer lo que pudiera...

 

"Después de mi período de servicio, el padre Germán fue sometido a grandes presiones y persecuciones para llevar su cruz hasta el fin. En mi carta yo supe por otras fuentes que después de mi partida un presbítero llegó de Irkoutsk, provisto de poderes de gran envergadura para el obispo. El presbítero envío devuelta al hiero monje Joasaph a Irkoutsk; el hierodiácono ya estaba muerto. Él hostigó al padre Germán, hizo un inventario y tomó todo lo que él tenía, que llegaba a la suma de 8.000 rublos papel. Este dinero y otros artículos habían sido juntados para la construcción de una nueva iglesia, para reemplazar enteramente la vieja estructura deteriorada. El mismo me había dicho cómo hacía esta colecta, pero otras personas lo veían como la "fortuna personal" del padre Germán, sin embargo, eso no había sido el caso. Es verdad que él jamás se rehusaba a aceptar ofrendas ya fuera en alimentos, en dinero, o en otros artículos, pero él daba muchas cosas a aquellos que no tenían nada, mientras que el dinero era dejado de lado para la reconstrucción del monasterio.

 

"Él mismo no llevaba camisa sino siempre la misma piel de reno –kuchianka- una especie de camisa, que como él mismo se lo había contado, no se había sacado, ni cambiado desde hacía ocho años. En consecuencia, la piel ya estaba carcomida y se había vuelto extraña, la piel misma estaba manchada. Para completar él llevaba unas bragas o pantalones, bashmaks o calzados, una sotana, un antiguo riazon desgastado y una capa remendada y zurcida en varios lugares y un klobouk. Vestido con estos ropajes ¡venía a verme con cualquier tiempo que hiciera, lluvia, ventisca, tormenta o frío! ¡Esto es lo que el amor cristiano quiere decir, tan diferente del terrestre! ¿Qué esperaba él de mí, qué buscaba él? ¡Él deseaba solamente salvar el alma de una persona en el error! ¡Que el Señor se acuerde de él en su Reino y quiera que él entre en la gloria del Señor!

 

"Así entonces el presbítero Irkoutsk era duro y grosero con él de muchas maneras y también quería enviarlo devuelta a Irkoutsk, pero mi sucesor no lo dejó hacer esto y protegió al staretz." (Extraído de una carta de Yanovsky al padre Superior Damaceno de Valaam, 22 de noviembre de 1865).

 

"Los directores anteriores de la colonia, los señores Chitiakov y Mouraviov, remaron varias veces hasta la isla de los abetos en canoa durante la noche, para no ser visto por la gente, acompañados por el administrador anterior de Kodiak, Nikiforov y el padre Frumenty. Desembarcaron en la isla de los abetos en un lugar en donde no serían notados y se escondieron en el bosque como si realizaran una emboscada y se quedaron a vigilar lo que hacía el padre Germán. Como no debían ser notados, ellos volvieron tranquilamente aquella misma noche, sin haber visto nada prejuicioso, de manera tal que no pudieron oscurecer ni calumniar al staretz.

 

"En 1825 cuando el presbítero Frumenty Mordovsky llegó a Kodiak, ¡por qué causa o razón no lo sé, él fue a la isla de los abetos y se puso a preguntar (así lo dicen todavía hoy en día) sobre la manera en que vivía el padre Germán! Junto con él se encontraba el Administrador Nikiforov y empleados rusos de la compañía. Como no encontraron nada de valor entre sus bienes, uno de los rusos, Ponomarkov tomó un hacha y se puso a arrancar los listones del piso, (sin duda con permiso de sus superiores). Entonces parece que el padre Germán dijo con un suspiro y con espíritu de resignación: "¿Oh desgraciado, tu no deberías haber tomado esta hacha?" Él predijo que perdería su vida por medio de tal arma. Y así, poco tiempo después, hizo falta gente para cumplir una tarea, por temor de que Nikolaïevsk y algunos empleados rusos, fueran enviados desde Kodiak y junto con ellos, Ponomarkov. Allí poco tiempo después, un Kenaï, cortó la cabeza del hombre mientras dormía. De esta manera se cumplió la profecía del staretz ofendido." (Extraído de las palabras de Constantin Larionov, Sitka, Alaska, 21 de mayo de 1867)

 

Los dones del padre Germán.

 

Se sabe que el padre Germán tenía a veces la capacidad de discernir el porvenir y de prever ciertos acontecimientos varios años antes. Un día un temblor de tierra local había causado un maremoto. La inundación amenazaba con devastar la isla y los aleutas vinieron a pedir ayuda al padre Germán. Él tomó el icono de la Theotokos que estaba en el orfanato, fue a la playa, ubicó el icono en la arena y celebró un oficio de plegaria. Inmediatamente el padre Germán dijo a la gente que no debían temer, el agua no sobrepasaría el nivel donde el icono había sido ubicado. Y así sucedió.

 

El padre Germán amaba mucho a los niños. Los tomaba en sus brazos y los reconfortaba, pasaba mucho tiempo entre los jóvenes, les contaba historias y les hablaba del Señor. Tenía él habito de tener galletitas que el mismo hacía para ellos. Bien entendido ellos venían a menudo a buscarlo porque adoraban a su padre bien amado.

 

En 1818 un barco proveniente de los Estados Unidos trajo una enfermedad fatal a los autóctonos de Kodiak (se cree que era la peste). Los síntomas comenzaban por fiebre, luego un gran resfrió, respiración difícil, el aliento corto, ahogos y finalmente escalofríos. El enfermo moría habitualmente después de tres días de sufrimiento. Esta epidemia se expandió a las otras islas de la región. Centenares de aleutas perecieron en estas circunstancias. Como no había medicinas en la isla, el padre Germán permaneció constantemente con ellos cuidándolos, reconfortándolos y rogando por ellos. La epidemia duró alrededor de 1 mes. Cuando se terminó, el padre Germán, condujo a los huérfanos con él a la isla de los abetos donde les construyó una escuela y un orfanato. De la misma manera él construyó una pequeña capilla y los habitantes de la isla se reunían ahí con él para la plegaria.

 

Un barco de San Petersburgo llegó a la costa de Kodiak en 1818. El capitán Vassili Golovnine había sido enviado por el gobierno para proceder a la inspección de las colonias de la Compañía Rusa de América. El padre Germán fue invitado a bordo para una visita. El capitán era un caballero inteligente y bien educado. Esa noche él fue rodeado de varios de los mejores oficiales de la marina imperial. Así se presentó este pequeño viejito delgado y sin pretensiones, con sus vestimentas desgastadas, en medio de este lujo intimidante.

 

Durante esa noche, en el curso de la conversación, el anciano que poseía una inteligencia natural y mucho sentido común, a pesar de su educación limitada, les preguntó a los miembros de la tripulación que era aquello que les daba la mayor felicidad. Algunos desearon la riqueza, otros una posición elevada en la marina imperial, otros querían una linda mujer, etc., "¿qué hay mejor, más elevado, más digno de amor y más espléndido que nuestro Señor Jesucristo, que ha creado el mundo, que lo embellece, que da la vida, la nutre y ama todas las cosas, que es Él mismo amor? ¿No deberíamos amar a Dios por encima de todas las cosas? ¿Desearlo y buscarlo?" Alguien respondió: "Pero es evidente, ¿cómo podemos no amar a Dios?" Él respondió: "Yo que soy un pobre pecador hace más de cuarenta años que intento aprender cómo amar a Dios y todavía no puedo decir que lo amo como debería. Cuando amamos a alguien nos acordamos siempre de esta persona, intentamos continuamente complacerla. Estamos preocupados por esta persona día y noche. Nuestro espíritu y nuestro corazón están ocupados con el objeto de nuestro amor. ¿De qué manera aman ustedes a Dios? ¿Se vuelven a menudo hacia Él? ¿Se acuerdan siempre de Él? ¿Le piden sin cesar y guardan sus mandamientos?" La tripulación admitió que no lo hacían. "Entonces, para nuestro bien y nuestra felicidad, hagamos todos, este voto: al menos a partir de hoy, de esta hora, de este mismo minuto, esforcémonos por amar a Dios por encima de todo y de cumplir sus enseñanzas." ¡Qué inteligente y soberbia conversación condujo en sociedad el padre Germán, sin ninguna duda esta discusión ha debido inscribirse en el corazón de sus oyentes por el resto de sus vidas!

 

En 1819, 25 años después de los inicios de la misión de Kodiak, solamente 3 de los miembros del equipo misionero original vivían entonces en la región. Todos los otros monjes habían perecido o habían vuelto a Rusia. Los misioneros que quedaban eran el Padre Germán, en la isla de los abetos, el Padre Atanasio en la isla Afognak y el Padre Joasaph en Kodiak.

 

En el anochecer de la vida.

 

"Los ojos terrestres del staretz se habían vueltos ciegos unos 7 años antes de su muerte. Cuando estuvo cerca de su final le dijo a su discípulo Gerassime: "Ve y llama a las niñas que están allí," queriendo significar a los niños espirituales. Comenzó por decirle a Sophia que ella debería continuar viviendo en la isla de los abetos y que cuando ella muriera, debería ser enterrada a sus pies. Instruyó a varios de los otros jóvenes para que tomaran marido y ordenó también a su hijo espiritual Gerassime que se casara y siguiera viviendo en la isla de los abetos. Le entregó sus libros para que lo conservara diciéndole: "cuando yo muera, mata al buey, pues sus trabajos para mí ya han sido realizados." "Tal vez deberíamos decir más sobre este animal. Cuando los pobladores llegaron a la isla de los abetos, le habían regalado al staretz un ternero y el staretz lo crio y alimentó. Cuando el anciano murió, los otros no quisieron matar a este buey y al día siguiente el animal se abalanzó contra un árbol y murió." (Relato del peregrino Lazaver sobre la vida del monje Germán, octubre de 1864)

 

El Padre Germán dijo a sus fieles bien amados que no habría presbíteros cerca para celebrar sus funerales cuando él pereciera. Las personas deberían enterrarlo ellas mismas. Él deseaba ser puesto directamente en tierra, cerca de su compañero, el misionero Padre Joasaph. "Entiérrenme ustedes mismos y no esperen al presbítero. No laven mi cuerpo. Ubíquenlo sobre una tabla, junten mis manos sobre mi pecho, envuélvanme sobre mi riazon y cubran mi rostro. Pongan mi koublou sobre mi cabeza. Si alguien desea hacerme una despedida, déjenlo abrazar la cruz que llevo conmigo. No muestren mi rostro a nadie."

 

El staretz dijo: "cuando yo muera, no lo comenten en el puerto, sino que entiérrenme ustedes mismos cerca del Padre Joasaf." Luego, continuó: "prendan una lámpara delante de los iconos y dejen que mi alumno Gerassim lea los Hechos de los Apóstoles. Después de algunas lecciones de este santo libro el rostro del Anciano se iluminó y dijo: "Alabado seas tú, oh Señor." Entonces ordenó que apagaran las lámparas y les dijo que el Señor le había ofrecido una semana de vida de más. Transcurrida una semana, el staretz ordenó, como había hecho antes, que prendieran las lámparas y que Gerassim leyera los Hechos. Luego de un corto instante inclinó la cabeza sobre el pecho de Gerassim, su rostro se puso de pronto a brillar y su celda se llenó de pronto de un perfume divino y ellos supieron que el staretz estaba muerto. Su discípulo no osó no informar a las autoridades del puerto la muerte del staretz, porque todos lo amaban. En respuesta a esta novedad, él recibió instrucción de no proceder al entierro sino de esperar a que un presbítero viniera y trajera un ataúd. Tan pronto como estuvo previsto el ataúd, el tiempo se arruinó y sopló un viento tan fuerte que no fue posible que el presbítero desembarcara y el cuerpo del staretz permaneció así durante doce días. Gerassim y los otros discípulos resolvieron enterrar al staretz y ni bien ubicaron el cuerpo en la tierra, el tiempo se volvió calmo y claro. En ese momento el presbítero llegó con el ataúd, pero decidió no exhumar el cuerpo ya que era evidente que había complacido a Dios y al staretz que fuera enterrado de ese modo. (Relato del peregrino Lazarev respecto de la vida del monje Germán, octubre 1864)

 

"Durante nuestra permanencia en el pueblo de Katani, en la isla de Afognak, una noche pudimos ver una columna brillante de luz poco habitual, que se elevaba en los aires por encima de la isla de los abetos, mientras que los hombres mayores experimentados y el marido de Anna y el criollo Gerassim Vologdine dijeron: "parece que el padre Germán los ha dejado" y se pusieron inmediatamente a rogar a Dios. Cuando ellos supieron la muerte del padre Germán se dieron cuenta que ello había sucedido la misma noche de la visión.

"He oído hablar de eso por diversas fuentes, de gente que lo vio de diferentes lugares, y otros que lo vieron cuando ellos estaban en el mar en una canoa. Desde entonces la misma noche en otros poblados y también en Afognak, un cuerpo fue visto en el cielo bajo las nubes por encima de la isla de los abetos." (Extraído de las notas de Konstantin Larionov, Stika, Alaska, 21 de mayo de 1867)

 

El padre Germán se durmió en el Señor el 13 de diciembre de 1837, a la edad de alrededor 80 años.

 

Glorificación de San Germán de Alaska.

 

Casi inmediatamente los fieles del lugar consideraron al anciano como un santo. Él era continuamente conmemorado en Alaska y luego en Finlandia y en Rusia. Más tarde la devoción al padre Germán se expandió entre los ortodoxos a través de América del Norte. Varios acontecimientos milagrosos se produjeron a través del mundo gracias a su intercesión.

 

En marzo de 1969, el santo sínodo de la iglesia Rusa Ortodoxa Griega Católica en América (pronto obtendría la autocefalía y sería llamada la Iglesia Ortodoxa en América) se reunió y proclamó que el padre Germán sería glorificado como un santo por haber obrado fielmente "en el trabajo espiritual del servicio apostólico entre los autóctonos que él iluminó con la luz de la verdad del evangelio." Los obispos prosiguieron: "Aquellos y aquellas que lo han visto una vez, que han tenido un contacto con él no pueden olvidarlo. Los jerarcas lo conmemoran, los presbíteros y los creyentes de América lo conmemoran actualmente como un intercesor ante Dios." El 7 de agosto de 1970 obispos, presbíteros y fieles provenientes de toda la ortodoxia se reunieron durante 3 días en la Iglesia de la Resurrección de Kodiak donde las reliquias del anciano estaban expuestas y entablaron el proceso de su glorificación, que terminó con la Divina Liturgia y los últimos actos de la canonización el 9 de agosto. San Germán anciano y taumaturgo de Alaska, se volvió el primer santo glorificado del primer mundo.

 

EXTRACTOS DE LAS CARTAS DE SAN GERMÁN.

 

El camino de un cristiano

 

Sin elevarme al rango de profesor cumplo sin embargo mi deber y mis obligaciones como un servidor obediente para el beneficio de mi vecino, hablaré de mi pensamiento fundamental sobre los mandamientos de las santas escrituras a aquellos que tienen sed y buscan su patria eterna en los cielos.

 

Un verdadero cristiano está echo de fe y de amor hacia Cristo. Nuestros pecados no son ningún obstáculo a nuestro cristianismo según la palabra del propio salvador. Él se dignó a decir: "no son los justos a los que vine a llamar a la salvación sino a los pecadores; hay más alegría en el cielo por uno que se arrepiente que por 99 justos." De la misma manera respecto de la mujer pecadora que tocó su pie él se dignó decir a Simón, el fariseo: "A aquel que tiene amor una gran deuda les es perdonada pero a aquel que no tiene amor se le pedirá cuenta aún por una pequeña deuda." Según estos juicios un cristiano debería llenarse de esperanza y gozo y no aceptar la menor desesperanza. Allí es donde necesitamos el escudo de la fe.

 

El pecado para aquel que ama a Dios no es otra cosa que una flecha del enemigo en la batalla. El verdadero cristiano es un combatiente que por medio de combates se abre paso a través de los regimientos del enemigo invisible hasta su morada eterna en los cielos. Según la palabra del apóstol nuestra patria está en los cielos; y respecto del combatiente dice: "nuestro combate no nos opone a la carne ni a la sangre sino a los Principados y a las Potencias, a los Soberanos de las tinieblas de este siglo, a los espíritus de la vileza bajo los cielos" (Ef. 6:12)

 

Los vanos deseos de este mundo nos separan de nuestra patria; el amor por ellos y el hábito de ellos revisten nuestra alma con una especie de horrorosa vestimenta. Esto es llamado por los apóstoles "el hombre exterior." Viajando por el camino de esta vía y recurriendo a Dios para que nos ayude debemos desvestirnos de esta odiosa vestimenta y vestirnos con nuevos deseos, con un nuevo amor por la época por venir y en consecuencia adquirir el conocimiento de nuestro grado de proximidad o de lejanía respecto de nuestra patria celeste. Pero no se puede hacerlo rápidamente; más bien hay que seguir el ejemplo de los enfermos que al desear la salud no cesan de buscar los medios para curarse. (Carta de San Germán, 20 de junio de 1820)

 

La providencia de Dios

 

Un terrible accidente tiene el poder de despertar nuestra conciencia a la existencia de las calamidades y a los diversos peligros que nos rodean y de los cuales la providencia de Dios nos preserva. Al mismo tiempo eso nos convence de reconocer nuestra propia debilidad e imperfecciones y de buscar la protección del Padre y su defensa más poderosa que nos confirma la sabiduría y el Verbo de Dios, el cual descendió de lo alto por la voluntad de nuestro Padre celestial bajo un manto de carne como la nuestra, tejido por la Potencia Divina en la más pura Virgen para nuestra salvación. Él se hizo hombre y se dignó enseñarnos a rogar para que no seamos conducidos a la tentación. Eso nos recuerda a qué Padre le debemos nuestra existencia, esto a su vez debería hacernos buscar nuestra patria celeste y nuestra herencia eterna. (Carta de San Germán a Baranov, 1809)

 

El combate espiritual

 

No es en medio de las olas de la tormenta del mar que estamos tambaleantes sino en este mundo seductor muy agitado, sufriente y errante según la palabra del apóstol. Aunque no tengamos tanta gracia como los apóstoles, podemos luchar contra los mismos Principados y Potencias, contra los Soberanos de las tinieblas de nuestro tiempo, contra los espíritus del mal bajo los cielos, que se esfuerzan por interceptar, retener e impedir a todos los viajeros en la ruta hacia su patria celeste; porque según la palabra de San Pedro, "nuestro Adversario, el Diablo, ruge como un león rugiente buscando a quien devorar" (1 Pedro 5: 8); y por esta razón nosotros que somos débiles e imperfectos tenemos ciertamente mucha necesidad de buscar ayuda en las plegarias de los unos y de los otros. (Carta de San Germán, 13 de diciembre de 1819)

 

Tropario de San Germán en el Tono 4º:

 

"Oh Santo Padre Germán de Alaska,

estrella del norte de la Santa Iglesia de Cristo.

La luz de tu santa vida y obras buenas,

guían a todos los que siguen la vida Ortodoxa;

juntos levantamos en alto la Santa Cruz

que tu plantaste firmemente en América.

Que todos bendigan y glorifiquen a Jesucristo,

cantando su Santa Resurrección."



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